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Artículo original:
Khan FA, Jancelewicz T, Kieran K, Islam S; Committee on Fetus and Newborn; Section on Surgery; Section on Urology. Assessment and Management of Inguinal Hernias in Children. Pediatrics. 2023;152(1):e2023062510.

Documento de la Academia Americana de Pediatría que revisa los datos disponibles relacionados con el manejo de las hernias inguinales en los niños. La hernia inguinal es una patología frecuente en Pediatría, y el riesgo de incarceración determina el momento óptimo para la reparación quirúrgica.
En prematuros es seguro diferir la cirugía tras el alta de Cuidados Intensivos.
Idealmente, la intervención debería llevarse a cabo por cirujanos o urólogos pediátricos, o cirujanos generales con amplia experiencia.
El abordaje laparoscópico está cada vez más extendido y es al menos tan eficaz como la cirugía abierta convencional. Además, parece una alternativa razonable para las recidivas.
No hay evidencia sobre la necesidad de exploración contralateral o tratamiento quirúrgico de un proceso peritoneovaginal permeable descubierto incidentalmente, por ejemplo, durante una laparoscopia. Sería conveniente consensuar previamente con los padres la actitud ante esta situación.
No se ha demostrado que la exposición a un único procedimiento bajo anestesia general, de corta duración, tenga efecto deletéreo sobre el neurodesarrollo en la infancia.
Se produce debido a la persistencia del proceso peritoneovaginal (PPPV), que acompaña al testículo, a modo de “dedo de guante” en su descenso por el canal inguinal hacia el escroto. En niñas, este transcurre junto al ligamento redondo. Dicha persistencia permite la protrusión del contenido abdominal por el canal inguinal. La PPPV alcanza el 47% en prematuros, y va declinando con el crecimiento, pudiendo o no llegar a desarrollar una hernia. En adultos, se ha descrito un 12% de PPPV que asocia una posibilidad del 12% de presentar una hernia inguinal.
El balance entre el riesgo anestésico, la dificultad técnica o el riesgo de recidiva, teóricamente mayores cuanto más pequeño es el niño y el riesgo de incarceración, definen el momento óptimo para la intervención quirúrgica. Tradicionalmente se ha considerado que los prematuros debían ser operados antes del alta de la Unidad de Cuidados Intensivos. Un reciente metaanálisis concluye que demorar la intervención tras el alta no incrementa el riesgo de incarceración y disminuye el de complicaciones respiratorias y el tiempo quirúrgico, por lo que parece razonable diferir la intervención hasta el alta.
Diversos estudios corroboran que, especialmente en los menores de 1 año, las tasas de complicaciones son menores en pacientes operados por cirujanos pediátricos que en aquellos operados por cirujanos generales, si bien, en entornos con pocos especialistas disponibles, los resultados de los cirujanos generales mejoran en relación con un mayor volumen de experiencia. Del mismo modo, los anestesistas pediátricos que realizan más de 200 procedimientos anuales tienen menos complicaciones cardiacas y respiratorias.
La relación entre el neurodesarrollo y la anestesia general en niños es tema de estudio y debate en los últimos años. Aunque algunos estudios in vitro sugerían lo contrario, no se ha podido demostrar dicha relación en trabajos específicamente diseñados, comparando, por ejemplo, hermanos gemelos sometidos o no a anestesia general antes de los 36 meses para una herniorrafía inguinal. En cualquier caso, se deberían evitar en lo posible exposiciones repetidas o innecesarias.
Por otro lado, la prematuridad o la anemia se han asociado con el riesgo de apnea posoperatoria, que se reduce con las técnicas de bloqueo locorregional.
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