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Artículo original: Brown LK, Beattie RM, Tighe MP. Practical management of functional abdominal pain in children. Arch Dis Child. 2015;0:1-7. |

RESUMEN

Revisión narrativa de la literatura médica que resume la evidencia científica disponible y discute los aspectos prácticos del dolor abdominal funcional en forma de respuestas a las inquietudes expresadas habitualmente por parte de los padres. Incluye cómo clasificar los síntomas y las exploraciones complementarias que se deben solicitar según los criterios de Roma IV, cómo explicarlos a los padres y transmitir seguridad acerca del abordaje diagnóstico y terapéutico, mediante una estrategia individualizada. Comienza con un ejemplo de caso clínico que se presenta con frecuencia en la consulta.

PERLAS CLÍNICAS

  1. ¿El dolor es inventado?

    No. Existe un modelo biopsicosocial que explica la hipersensibilidad central y la hiperalgesia visceral, con base fisiopatológica definida, que disminuiría el umbral para el dolor, haciendo que se perciba como verdadero. El estrés físico y emocional incrementa la concentración y sensibilidad de los nociceptores, así como la producción de neurotransmisores en el intestino y el sistema nervioso. Explicar a los padres dicho modelo, la naturaleza funcional del síntoma, y ayudarles a entender que no es una manifestación de enfermedad sino de hipersensibilidad visceral susceptible de ser modificada, se asocia con un mejor pronóstico a largo plazo.

  2. ¿Qué le pasa a mi hijo y cómo se diagnostica?

    La anamnesis característica, sin signos de alarma que sugieran causa orgánica (según los criterios del consenso de Roma IV), es crucial en el diagnóstico. Es importante establecer un ambiente de confianza en el que el niño verbalice los síntomas, intentar explicar desde el comienzo de la entrevista que se sospecha funcionalidad, y evitar la realización de exploraciones complementarias innecesarias. La dinámica familiar, los factores inherentes a la personalidad del niño, sociales, etc., pueden contribuir a exacerbar los síntomas.

  3. Esto tendrá tratamiento, ¿no?

    El abordaje consiste en primer lugar en explicar tanto a los padres como al niño la naturaleza funcional del dolor, haciendo hincapié en que se trata de un trastorno frecuente y de buen pronóstico. Existe poca evidencia en cuanto al tratamiento farmacológico de los síntomas funcionales, y se debe evitar en lo posible. Las dietas de exclusión no están suficientemente validadas y de utilizarse a modo de diagnóstico por asociar a un determinado alimento como desencadenante, debería ser por tiempo reducido, no mayor a 15 días. Por el contrario, el empleo de técnicas psicológicas de distracción para aliviar el dolor (ejercicio, juegos al aire libre) sí ha demostrado su utilidad en el manejo del dolor abdominal funcional.

  4. ¿Se va a curar?

    Probablemente. El pronóstico a largo plazo es favorable. Con frecuencia estos niños tienen exacerbaciones intermitentes que generalmente mejoran con el tiempo. No obstante, en algunos casos persiste por tiempo prolongado. Algunos estudios sugieren que se convertirá en un síndrome de colon irritable del adulto. Son factores conocidos de mal pronóstico la existencia de síntomas funcionales persistentes en los padres, la hospitalización por dolor o consultas repetidas, la asociación con síntomas no gastrointestinales (cefalea, mialgias, etc.), la obesidad y el rechazo por parte de la familia a la terapia psicológica.

APUNTE METODOLÓGICO

Es una revisión narrativa en un formato original, que se asemeja a la práctica clínica diaria.

EN PERSPECTIVA

  1. El dolor abdominal funcional es la causa más frecuente de dolor abdominal crónico en la infancia1. Tiene una base fisiopatológica “real”, consistente en una hiperalgesia visceral, con un umbral disminuido al dolor, y respuestas fisiológicas alteradas, como la falta de relajación gástrica tras la ingesta o persistencia del dolor tras la distensión rectal2.
  2. El diagnóstico se basa en los criterios del consenso de Roma IV3, que describen las características de este trastorno funcional y su clasificación, señalando los signos de alarma. Estas recomendaciones sirven para evitar exploraciones complementarias innecesarias, que pueden generar mayor angustia en el paciente y la familia, con resultado contraproducente. El exceso de pruebas, además de costoso, puede hacer que se sobrediagnostiquen entidades muy comunes (infección por H. pylori, alteración los test de hidrogeno espirado…) que muy probablemente no son la causa del dolor. El objetivo a conseguir es encuadrar la enfermedad como un diagnóstico en positivo, no como un diagnóstico de exclusión.
  3. La clave del éxito en el tratamiento es la forma en que los padres (y el niño) entienden y manejan el dolor. Aun así, con frecuencia en la práctica clínica diaria se indican espasmolíticos, antisecretores… de dudosa eficacia clínica, pero que, en conjunto con una buena explicación y aceptación por parte de la familia, en ocasiones son útiles. Sí que han demostrado su eficacia las técnicas psicológicas, sobre todo de distracción, en niños pequeños4. Las dietas de exclusión sin base fisiopatológica no deberían recomendarse, por el efecto placebo que pueda generarse, y para prevenir de futuros problemas nutricionales5. El objetivo principal del tratamiento es ayudar a aliviar el dolor, o más bien, que aprenda a aceptar y tolerar los síntomas, y que el niño y la familia recuperen su actividad diaria normal.

Bibliografía

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