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Artículos originales:

Benigna MA, Nurko S, Faure C, Hyman PE, Roberts IS, Schechter NL. Childhood functional gastrointestinal disorders: neonate/toddler. Gastroenterology. 2016;150:1443-55. |

Hyams JS, Di Lorenzo C, Saps M, Shulman RJ, Staiano A, Van Tilburg M. Childhood functional gastrointestinal disorders: child/adolescent. Gastroenterology. 2016;150:1456-68. |

RESUMEN

La fundación Roma ha publicado la última revisión de los trastornos digestivos funcionales, que conocemos como los criterios Roma IV, donde siguen figurando los trastornos pediátricos. Se trata de dar nombre a los problemas funcionales de las consultas de Pediatría General o Digestivo para así “hablar todos de lo mismo”. Los criterios anteriores, Roma III, se basaron fundamentalmente en consensos de expertos. Ahora gracias a la existencia de más y mejores trabajos, las recomendaciones se basan en estudios de mayor calidad científica.

Se sigue manteniendo la diferenciación entre neonato/lactante y niño/adolescente.

El principal cambio radica en que ahora hay evidencia para apoyar el diagnóstico basado en síntomas. Por lo tanto, se elimina la necesidad de excluir enfermedad orgánica. Con una evaluación médica apropiada que descarte que los síntomas puedan ser debidos a otra causa sería suficiente, no siendo siempre necesaria la realización de pruebas complementarias.

La lectura del apartado incluido al final de los trastornos del neonato/lactante resulta muy interesante para la compresión del desarrollo del dolor y su percepción, así como el gran número de factores que pueden influir en la vivencia del dolor de cada niño y familia.

PERLAS CLÍNICAS

  1. ¿Ha aparecido algún nuevo trastorno?

    Los trastornos del neonato/lactante se mantienen iguales, aunque se establece una definición más laxa para el cólico del lactante que puede ser aplicada en la clínica diaria y una definición más precisa para estudios de investigación. También aumenta la duración de los periodos en que pueden aparecer. Por ejemplo, la diarrea funcional se describe hasta los 60 meses y no hasta los 36 y la disquecia del lactante se prolonga de los seis a los nueve meses de edad.

    En los niños más mayores se incluyen como novedad los trastornos de náuseas y vómitos funcionales, que se diferencian de la dispepsia funcional en que no aparece dolor. La dispepsia funcional se divide en dos subtipos, al igual que se hacía previamente en adultos: síndrome de dolor epigástrico y síndrome de distrés posprandial. El resto de trastornos permanece, aunque se ha modificado la frecuencia de aparición de los síntomas o la duración de los mismos para algunos.

  2. ¿Es necesaria la realización de pruebas diagnósticas rutinarias en los pacientes que cumplen criterios de trastorno funcional?

    El diagnóstico de trastorno funcional se basa en síntomas, con criterios clínicos definidos. En algún caso puede ser pertinente la realización de pruebas complementarias, pero deben ser razonadas y razonables en función de los síntomas que refiera el paciente. En los criterios no se expone un listado de pruebas necesario para cada trastorno, sino que se deja a criterio del médico, e individualizando por paciente

  3. ¿Pueden coexistir varios trastornos en un paciente?

    Se establece la posibilidad de que un paciente tenga más de un trastorno simultáneamente, o de que tenga un trastorno funcional asociado a otra enfermedad.

    En los trastornos cíclicos se especifica que se debe volver al estado previo de salud entre los episodios, pero no es necesario estar asintomático entre las crisis. Por ejemplo, un paciente con vómitos cíclicos puede tener un estreñimiento funcional sintomático entre episodios.

    Se debe tener cuidado con los pacientes con síntomas similares e intentar catalogarlos según cuál sea el predominante: un paciente con vómitos y palidez de forma episódica, si además tiene dolor y este es el síntoma más llamativo, debe ser catalogado como migraña abdominal en vez de como vómitos cíclicos.

  4. ¿Es importante la identificación precoz del trastorno funcional?

    La respuesta es sí, por varios motivos: el paciente puede poner un nombre a lo que le sucede y conocer su evolución natural; también permite limitar el número de pruebas a realizar si se conocen bien los criterios diagnósticos; además, se puede establecer un manejo personal y familiar más adecuado, especialmente en los trastornos que cursan con dolor. Por último, no se debe olvidar la perspectiva psicosocial, ya que muchos de estos trastornos son la puerta para su valoración y tratamiento. Todo esto, unido a su elevada prevalencia, hace que el conocimiento de estos criterios resulte muy recomendable para el pediatra general

APUNTE METODOLÓGICO

Los criterios Roma III se basaron en consensos de expertos. En estos nuevos criterios se trata de hacer una revisión sistemática de cada trastorno para mejorar el rigor científico. Cuando no hay datos de estudios de calidad, se refieren de nuevo a los paneles de expertos.

Sugieren líneas de investigación de los temas con menor evidencia.

EN PERSPECTIVA

  1. Los criterios Roma III1,2 aparecieron en el año 2006. Una vez categorizados todos los trastornos, se han podido realizar estudios de buena calidad sobre temas controvertidos o poco estudiados. Muchos de estos estudios se han utilizado para le elaboración de posicionamientos o guías clínicas3 de algunos de los trastornos, que han permitido un manejo similar del paciente en cualquier lugar. Eso a su vez ha generado más evidencias, lo que ha permitido la actualización. Así se construye el “círculo del conocimiento” que debería llevar a la aparición de los criterios Roma V en el futuro.
  2. Pese a que parece que es lo mismo, los criterios Roma IV aportan muchas novedades. Se amplía el rango de edad en que aparecen algunos trastornos, especialmente en el lactante. Se da la posibilidad de que coexistan otros, o que se asocien a otras enfermedades como ya se venía observando4. Se intentan aproximar los criterios a los del adulto, por ejemplo, presentando los dos subtipos de dispepsia5 o de intestino irritable. La descripción del desarrollo del dolor y de su percepción, de los factores que pueden modularlo y de la respuesta de las familias frente a los síntomas nos permiten una aproximación más global al paciente, pero también más particular para cada paciente/familia. Además, se hacen una serie de recomendaciones para investigaciones futuras.
  3. La aparición de los nuevos criterios obliga al cambio de la práctica habitual y tomar Roma IV como referencia. La homogeneidad en los diagnósticos conlleva a una mayor precisión, siempre beneficiosa a la hora de plantear nuevos trabajos de investigación. Los criterios también remiten a la utilización de guías clínicas específicas para algunos trastornos en caso necesario.
  4. Por lo tanto, se recomienda la lectura y la utilización de los nuevos criterios en sustitución de los Roma III.

Bibliografía

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